Leonardo da Vinci, cantó el poder del artista para crear. En aquel himno de alabanza a la pintura, el Paragone, llama al pintor "Señor de toda suerte de gentes y de todas las cosas". "Si el pintor quiere ver bellezas para enamorarse de ellas, está en su mano producirlas, y si quiere ver cosas monstruosas que horrorizan o son necias o risibles o merecen compasión, él es su Señor y Dios". "Me ocurrió una vez que hice un cuadro religioso y me lo compró uno que lo amaba tanto que quería quitar la representación sacra para poderla besar sin sospecha. Finalmente su conciencia prevaleció sobre sus suspiros y lujurias, pero tuvo que apartar la pintura de su casa".


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