Que alejando del cuerpo los dolores,
De grata sensación el alma cerca,
Librándola de miedo y de cuidado?
Vemos cuán pocas cosas son precisas
Para ahuyentar del cuerpo los dolores,
Y bañarle en delicias abundantes,
Que la naturaleza economiza.
Si no se ven magníficas estatuas,
De cuyas diestras juveniles cuelguen
Lámparas encendidas por las salas
Que nocturnos banquetes iluminan,
Ni el palacio con plata resplandece,
Ni reluce con oro, ni retumba
El artesón dorado con las liras;
Se desquitan, no obstante, allá tendidos
En tierna grama, cerca de un arroyo,
De algún árbol copudo sombreados,
A cuyo pie disfrutan los placeres
Que cuestan poco; señaladamente
Si el tiempo ríe y primavera esparce
Flores en la verdura de los campos:
Maligna fiebre no saldrá del cuerpo
Si en púrpura y bordados te revuelves
Con más celeridad que si encamares
Entre plebeyas mantas y sayales.
Porque si la fortuna, el nacimiento,
El esplendor del trono hacer no pueden
A nuestro cuerpo bienaventurado,
Presumimos que al ánimo tampoco;
Si no es que acaso cuando tus legiones
Veas que hierven por los anchos valles
En simulacro y ademán de guerra;
Cuando veas que el mar tus velas cubren,
Y que le hacen gemir por todas partes,
Te figures con esto que aterrada
La superstición huye con espanto
Del ánimo, y el miedo de la muerte
Deja entonces el pecho descuidado.
Pues si vemos que son ridiculeces
Y vanidades estas cosas todas;
Y a la verdad los miedos de los hombres
Y los cuidados que les van siguiendo
No temen el estruendo de las armas
Si las crueles lanzas; audazmente
Se sientan con los reyes y señores:
Ni sus fulgentes púrpuras respetan,
Ni sus diademas de oro; único fruto
De la ignorancia dudarás que es todo,
Nuestra vida en tinieblas sepultada.
Así como los niños temerosos
Se recelan de todo por la noche,
Así nosotros, tímidos de día
Nos asustamos de lo mismo a veces
Que despavorir suele a los muchachos:
Preciso es que nosotros desterremos
Estas tinieblas y estos sobresaltos,
No con los rayos de la luz del día,
Sino pensando en la naturaleza. (...)"
Lucrecio Caro "De rerum natura" (Lucr. 2, 16 ss)

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